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¿Por qué no debes alimentar a tu perro con sobras de comida humana?

En muchos hogares, alimentar al perro con las sobras de la comida humana es una práctica cotidiana. Un pedazo de carne, un poco de arroz con salsa o incluso un hueso del guiso parecen inofensivos y, más aún, pueden percibirse como una muestra de afecto hacia el animal.

Sin embargo, esta costumbre, tan extendida como mal entendida, puede ocasionar graves riesgos para la salud del perro. Por ello, es fundamental contar con la orientación de un veterinario que, más allá de recomendar una marca de croquetas, pueda diseñar un plan alimenticio adecuado y personalizado para cada animal, considerando su etapa de vida, su estado de salud y su nivel de actividad.

El organismo del perro no es igual al del humano

Aunque los perros han acompañado al ser humano durante miles de años y han adaptado parte de su dieta a lo largo de esa convivencia, su sistema digestivo continúa siendo notablemente distinto al nuestro. Ellos procesan de manera diferente muchos de los ingredientes que componen nuestra comida diaria, y lo que para una persona es nutritivo o inocuo, para un perro puede ser dañino. La mayoría de nuestras comidas contienen condimentos, grasas, sal y azúcares en cantidades excesivas para un perro, lo cual altera su metabolismo y puede derivar en problemas de salud como sobrepeso, trastornos digestivos o, en el peor de los casos, intoxicaciones graves.

Desequilibrios nutricionales y enfermedades silenciosas

Una alimentación basada en restos de comida humana rara vez aporta los nutrientes que un perro necesita. El equilibrio adecuado de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales es fundamental para su desarrollo, energía y sistema inmunológico. Cuando se les alimenta con sobras, se corre el riesgo de ofrecer una dieta deficiente o desbalanceada. Además, se introducen grasas saturadas y calorías vacías que, a largo plazo, contribuyen a la obesidad, un problema creciente en las mascotas urbanas. Un perro con sobrepeso no solo ve reducida su movilidad, sino que también se vuelve más vulnerable a enfermedades cardíacas, articulares, respiratorias y metabólicas como la diabetes o la pancreatitis.

Alimentos comunes que resultan tóxicos para ellos

Más allá de los desequilibrios nutricionales, hay ingredientes cotidianos en la cocina que son directamente tóxicos para los perros. El chocolate, por ejemplo, contiene teobromina, una sustancia que el organismo canino no puede procesar correctamente, lo que puede provocar vómitos, taquicardia e incluso fallas cardíacas. Otros ingredientes peligrosos son el ajo y la cebolla, que pueden destruir sus glóbulos rojos y causar anemia. Las uvas, las pasas y el xilitol —un endulzante presente en muchos productos "light"— también pueden desencadenar insuficiencia renal o hepática. Lo más preocupante es que muchas personas no conocen estos riesgos y continúan ofreciendo estos alimentos sin imaginar las consecuencias.

Huesos cocidos y otros "premios" peligrosos

Existe la creencia popular de que darles huesos a los perros es una recompensa natural. Sin embargo, cuando los huesos están cocidos, como los del caldo o del asado, se vuelven frágiles y pueden astillarse fácilmente al morderlos, provocando heridas en la boca, obstrucciones o perforaciones en el sistema digestivo. Además, los restos de grasa o cartílago pueden dificultar la digestión y desencadenar episodios de vómito, diarrea o pancreatitis. Lo que aparenta ser un regalo, en realidad puede ser el origen de una visita de urgencia al veterinario.

Consecuencias en la conducta del perro

Más allá de lo físico, el hábito de compartir comida humana también puede afectar el comportamiento del perro. Muchos animales comienzan a desarrollar ansiedad alrededor de la mesa, ladran o mendigan cada vez que ven comida, interrumpen las comidas familiares o incluso intentan robar alimentos. Este tipo de conductas no solo es molesto para los dueños, sino que rompe la rutina alimentaria que todo perro necesita. Al no tener horarios fijos ni cantidades controladas, el perro se vuelve más propenso a sufrir trastornos digestivos y pierde el hábito de comer su alimento balanceado.

¿Y si quiero darle comida casera?

Es comprensible que algunos dueños desconfíen de los alimentos procesados y prefieran ofrecer a sus perros comida natural o casera. Sin embargo, esto no significa que deban alimentarlos con lo que sobra del almuerzo o la cena. Preparar comida casera para un perro requiere un diseño nutricional específico, que garantice el aporte adecuado de todos los nutrientes. Solo un veterinario o nutriólogo veterinario puede formular este tipo de dietas, considerando factores como el peso, la raza, la edad, el nivel de actividad y cualquier condición médica existente. Una dieta mal formulada, aunque provenga de ingredientes frescos, puede resultar igual de perjudicial que una basada en comida industrial.

El papel fundamental del veterinario

Cada perro es único y sus necesidades nutricionales también lo son. Un cachorro en crecimiento, una perra gestante o un perro mayor con problemas articulares no deben alimentarse de la misma manera. La supervisión veterinaria es clave para identificar deficiencias, prevenir enfermedades y adaptar la dieta a las condiciones cambiantes del animal. Además, el veterinario puede ayudar a establecer horarios, porciones y hábitos alimenticios saludables que garanticen una buena calidad de vida para la mascota.

El afecto también se demuestra desde el plato

Compartir la comida con nuestros perros puede nacer de una intención afectiva, pero lo que más demuestra amor es proteger su salud. Alimentarlos de manera adecuada no es una cuestión de lujo ni de capricho, sino de responsabilidad. Evitar las sobras humanas y consultar con un veterinario son pasos fundamentales para asegurar que nuestra mascota tenga una vida larga, activa y feliz. Porque cuidar de lo que come es también cuidar de todo lo que nos da: compañía, lealtad y amor incondicional.

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