La salud y la productividad de las gallinas ponedoras dependen en gran medida de una alimentación equilibrada y de una vigilancia constante por parte de un veterinario experimentado. Estos profesionales no solo ayudan a diseñar dietas adecuadas según la edad, raza y etapa productiva de las aves, sino que también detectan a tiempo deficiencias o excesos nutricionales que pueden comprometer la producción de huevos y el bienestar del ave.

Contar con la asesoría veterinaria es esencial para prevenir desequilibrios en la dieta que deriven en enfermedades metabólicas, trastornos del plumaje o disminución en la postura.
Importancia de una dieta equilibrada
Las gallinas ponedoras requieren un equilibrio preciso de energía, proteínas, minerales y vitaminas. Cualquier desviación en estos componentes puede afectar directamente la cantidad y calidad de los huevos. Uno de los errores más comunes en la alimentación es ofrecer dietas caseras o improvisadas que no cubren las necesidades específicas de estas aves. Aunque el maíz y el trigo son fuentes de energía frecuentes, su uso exclusivo resulta insuficiente porque carecen de aminoácidos esenciales, como la lisina y la metionina, fundamentales para el desarrollo de tejidos y la producción de huevos.
Deficiencia de calcio, fósforo y vitamina D3
Entre los problemas nutricionales más frecuentes, destacan las deficiencias de calcio, fósforo y vitamina D3. El calcio es esencial para la formación del cascarón; una gallina ponedora necesita grandes cantidades, especialmente durante el pico de postura. Cuando este mineral es insuficiente, los huevos presentan cáscaras delgadas o deformes, y la gallina puede sufrir descalcificación ósea, conocida como “fatiga de jaula”. Este problema se agrava si la dieta no se complementa con fósforo y vitamina D3, ya que ambos facilitan la absorción del calcio en el organismo.
Desequilibrios de energía y proteínas
Otro desequilibrio común es el exceso de energía combinado con una deficiencia de proteínas. En estos casos, las gallinas tienden a aumentar de peso, lo que interfiere con la ovulación y reduce la producción de huevos. Por el contrario, una dieta pobre en energía y proteínas puede llevar a un estado de adelgazamiento extremo y a una reducción drástica en la postura. La proteína debe aportar no solo cantidad sino calidad; por ello se recomiendan ingredientes ricos en aminoácidos esenciales, como la soya, el girasol o las harinas de pescado, en proporciones controladas.
Carencias de vitaminas esenciales
Las vitaminas desempeñan un papel crucial en el metabolismo y en la calidad del huevo. La falta de vitamina A provoca problemas de visión, piel seca y una disminución en la fertilidad. La deficiencia de vitamina E afecta la función reproductiva y la inmunidad, haciendo a las aves más susceptibles a infecciones. La carencia de vitaminas del complejo B puede generar plumaje opaco, temblores o alteraciones neuromusculares. En todos los casos, la intervención de un veterinario permite ajustar los suplementos vitamínicos adecuados para corregir las deficiencias sin caer en excesos que también resultan dañinos.
Minerales traza y su impacto en la salud
Los minerales traza, aunque requeridos en pequeñas cantidades, son igualmente importantes. El zinc, el manganeso, el cobre y el hierro intervienen en el crecimiento, el desarrollo de plumas y la producción del cascarón. Un déficit de zinc puede causar deformidades en las patas y mala cicatrización, mientras que la falta de manganeso genera huevos con cáscaras delgadas y polluelos con malformaciones. La deficiencia de selenio, asociada a la vitamina E, se traduce en debilidad muscular y mortalidad embrionaria.
Hidratación y equilibrio electrolítico
Otro aspecto relevante es el equilibrio hídrico y electrolítico. Las gallinas ponedoras necesitan agua limpia y abundante para mantener la digestión y la producción de huevos. Una deshidratación leve puede reducir la postura de inmediato. Además, los electrolitos como el sodio, potasio y cloro deben mantenerse dentro de rangos adecuados para evitar trastornos metabólicos. Las aves expuestas a altas temperaturas requieren un control especial de estos elementos, ya que las pérdidas por sudoración y respiración acelerada pueden alterar su equilibrio interno.
Contaminación y calidad del alimento
También se presentan problemas digestivos derivados de alimentos contaminados o mal conservados. Los granos húmedos o almacenados en condiciones inadecuadas desarrollan hongos productores de micotoxinas, sustancias que dañan el hígado, reducen la fertilidad y debilitan el sistema inmunológico. Un veterinario especializado puede recomendar análisis de laboratorio y aditivos antifúngicos para prevenir estos daños.
Ajuste nutricional según la etapa productiva
La etapa productiva de la gallina influye notablemente en sus requerimientos. Durante el inicio de la postura, el consumo de calcio y energía debe incrementarse; en cambio, hacia el final del ciclo, se recomienda reducir el contenido energético para evitar el sobrepeso. La falta de ajuste en la dieta durante estas fases puede reducir la eficiencia alimenticia y afectar la longevidad del lote.
La guía veterinaria como clave preventiva
Finalmente, no se puede dejar de subrayar que la nutrición de las gallinas ponedoras no debe basarse en la improvisación o en fórmulas genéricas. Cada explotación avícola presenta condiciones diferentes de clima, suelo, manejo y genética.
Por ello, resulta indispensable la supervisión continua de un veterinario experimentado, quien puede diseñar programas nutricionales específicos, detectar deficiencias en etapas tempranas y aplicar correctivos que garanticen la salud y productividad de las aves. Solo con asesoría profesional se pueden prevenir las complicaciones nutricionales que afectan la postura, el bienestar animal y la rentabilidad de la producción.
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