La adenitis equina, conocida comúnmente como paperas o strangles, es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas y problemáticas dentro de las granjas y criaderos dedicados a la cría, adiestramiento o manejo de caballos.

Producida por la bacteria Streptococcus equi subsp. equi, esta afección se caracteriza por fiebre, inflamación de ganglios linfáticos y una marcada secreción nasal, pero su verdadero riesgo radica en su alta capacidad de propagación y en las complicaciones que pueden afectar gravemente la salud de los animales. Por ello, la prevención y la atención temprana son factores críticos para evitar brotes que comprometan la operación completa de un establecimiento equino.
Características y transmisión de la adenitis equina
La adenitis equina se transmite principalmente por contacto directo entre caballos infectados y sanos, o mediante objetos contaminados como bebederos, comederos, monturas, arreos y las manos o ropa de los trabajadores. La bacteria también puede sobrevivir durante periodos prolongados en ambientes húmedos, lo que facilita aún más su expansión cuando no existen protocolos estrictos de higiene.
Los signos clínicos suelen iniciar con fiebre elevada, pérdida de apetito y un evidente decaimiento general. Poco después aparece una secreción nasal espesa y purulenta, así como inflamación de ganglios linfáticos submandibulares que, al avanzar, pueden formar abscesos. En casos complicados, la infección puede extenderse a órganos internos, condición conocida como bastard strangles, mucho más grave y potencialmente mortal.
Dado que los animales enfermos y los portadores asintomáticos son las principales fuentes de contagio, la detección oportuna y la imposición de medidas de bioseguridad son esenciales para proteger a toda la población equina del establo.
Medidas de prevención dentro de las instalaciones
La prevención es siempre la herramienta más efectiva para combatir la adenitis equina. En las granjas y criaderos, mantener un programa estructurado de bioseguridad disminuye significativamente el riesgo de introducción y propagación de la bacteria.
Control de ingreso de animales
Todo caballo que llegue por primera vez debe pasar por un periodo de cuarentena, idealmente de 14 a 21 días. Durante este tiempo se monitorea su temperatura, comportamiento y signos respiratorios. Si presenta síntomas sospechosos, debe mantenerse aislado y evaluado por un veterinario antes de permitir su integración al resto del hato.
Higiene del personal y del equipo
Es fundamental establecer normas estrictas de higiene para todo el personal. El lavado de manos, el uso de ropa exclusiva para el trabajo y la desinfección constante de herramientas, monturas y accesorios son acciones esenciales. Se recomienda utilizar cubetas y cepillos exclusivos para animales enfermos o sospechosos, evitando la rotación de equipo entre diferentes áreas.
Manejo adecuado del agua y la alimentación
Los bebederos deben limpiarse y desinfectarse de manera regular, ya que la humedad es un medio ideal para la supervivencia de S. equi. También es importante evitar la acumulación de alimento húmedo en los comederos y procurar una buena ventilación en los establos para disminuir la humedad ambiental.
Vacunación preventiva
Aunque la vacuna no es infalible, puede ayudar a reducir la severidad de los casos y limitar la propagación cuando se administra dentro de programas sanitarios bien organizados. Es conveniente consultar a un veterinario para determinar la pertinencia de vacunar al hato, especialmente en regiones o temporadas de mayor riesgo.
Identificación rápida de síntomas
Los cuidadores deben estar capacitados para reconocer los primeros signos de enfermedad. El monitoreo diario de la temperatura de los caballos es una práctica sencilla que permite identificar rápidamente un posible caso y actuar con prontitud.
Atención y manejo de los casos confirmados
Cuando se confirma la presencia de adenitis equina, es esencial actuar con rapidez y disciplina para evitar un brote generalizado.
Aislamiento inmediato
El caballo enfermo debe trasladarse de inmediato a una zona de aislamiento, lo más alejada posible del resto de los animales. Esta área debe contar con acceso restringido y procedimientos de desinfección a la entrada y salida.
Tratamiento y cuidados veterinarios
El tratamiento generalmente incluye cuidados de soporte, fomentos calientes para acelerar la maduración de los abscesos, limpieza de secreciones y, en algunos casos, el uso de antibióticos según la valoración del veterinario. Es importante no automedicar a los animales, ya que un tratamiento inapropiado puede complicar el cuadro clínico.
El veterinario también decidirá si es necesario realizar análisis bacteriológicos, cultivos o pruebas PCR para confirmar la infección y supervisar la evolución del caballo. Además, orientará sobre las medidas adicionales para evitar contagios y sobre el momento adecuado para reincorporar al animal recuperado a sus actividades.
Desinfección rigurosa de espacios y objetos
Una vez que se detecta un caso, todos los objetos y áreas con las que el caballo tuvo contacto deben ser desinfectados exhaustivamente. El personal debe utilizar guantes y ropa exclusiva para el manejo de los animales enfermos. La desinfección también debe repetirse en los pasillos, bebederos, corrales, remolques y cualquier superficie potencialmente contaminada.
Monitoreo del resto del hato
Los demás caballos deben mantenerse bajo supervisión estricta durante varias semanas. Tomar la temperatura diariamente, observar cambios en el apetito o cualquier signo respiratorio permitirá identificar nuevos casos y contener la enfermedad antes de que se extienda.
Manejo de caballos portadores
Una dificultad común es la existencia de portadores asintomáticos que continúan desprendiendo la bacteria incluso después de recuperarse. Para identificarlos, se recomienda realizar lavados faríngeos y pruebas de laboratorio. Aquellos que resulten positivos deben permanecer aislados hasta que las pruebas confirmen la eliminación completa de la bacteria.
La adenitis equina es una enfermedad altamente contagiosa que puede poner en riesgo la estabilidad sanitaria y económica de granjas y criaderos. Sin embargo, mediante la implementación de protocolos adecuados de prevención, higiene, aislamiento y atención veterinaria, es posible controlar de manera efectiva su aparición y evitar brotes extensos.
La disciplina, la observación diaria y el trabajo coordinado entre cuidadores y profesionales de la salud animal constituyen la base para proteger al hato y mantener un ambiente saludable para los caballos.
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