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Perros que muerden e ingieren materias no alimenticias

Los perros son animales curiosos por naturaleza. Exploran el mundo a través del olfato y del gusto, y en esa constante búsqueda de estímulos pueden llegar a morder, lamer o incluso ingerir objetos que no son comestibles.

Zapatos, piedras, plásticos, palos, ropa, tierra e incluso cables eléctricos pueden convertirse en sus “presas” cotidianas. Aunque muchas personas lo interpretan como un simple juego o travesura, esta conducta puede ser el síntoma de un problema de salud o de comportamiento más profundo, y requiere la orientación de un veterinario para evitar consecuencias graves.

La conducta exploratoria y sus riesgos

En las primeras etapas de su vida, especialmente durante los primeros seis meses, los cachorros atraviesan una fase de exploración oral. Tal como los bebés humanos, sienten la necesidad de morder y masticar para conocer su entorno y aliviar las molestias del crecimiento dental. Sin embargo, cuando esta costumbre persiste o se intensifica en la edad adulta, puede convertirse en un comportamiento compulsivo que pone en riesgo la salud del animal.

La ingestión de materiales no alimenticios —como piedras, trapos, juguetes, hilos o plástico— puede provocar desde molestias digestivas leves hasta obstrucciones intestinales que requieren cirugía de urgencia. En algunos casos, el objeto ingerido puede causar perforaciones en el estómago o en los intestinos, originando infecciones graves que comprometen la vida del perro. Por ello, ante cualquier sospecha de que la mascota haya tragado algo inadecuado, es fundamental acudir cuanto antes al veterinario.

El trastorno conocido como “pica”

Cuando un perro presenta la necesidad recurrente de ingerir objetos o sustancias que no son alimentos, se habla de un trastorno de conducta llamado pica. Este término se utiliza tanto en medicina humana como veterinaria para describir la atracción hacia materiales como tierra, piedras, papel, plástico o tela. Las causas de la pica pueden ser diversas y, por lo general, implican una combinación de factores físicos y emocionales.

Entre las causas más comunes se encuentran:

Deficiencias nutricionales: una dieta desequilibrada o carente de minerales puede generar un intento instintivo del perro por compensar esas carencias.

Aburrimiento y falta de estimulación: los perros que pasan mucho tiempo solos o sin ejercicio mental tienden a desarrollar comportamientos destructivos.

Estrés o ansiedad por separación: la soledad prolongada puede llevar al perro a morder objetos como una forma de liberar tensión.

Problemas médicos: trastornos digestivos, parásitos intestinales o enfermedades metabólicas pueden alterar el apetito y provocar la ingesta de materiales extraños.

Solo un veterinario puede determinar con certeza cuál es la causa específica y diseñar un plan de tratamiento adecuado, que puede incluir desde ajustes en la dieta hasta terapias de comportamiento o medicación.

La importancia de una atención veterinaria oportuna

Cuando un perro ingiere un objeto no alimenticio, el tiempo es un factor crucial. Algunos materiales pueden pasar sin causar daño, pero otros se alojan en el estómago o los intestinos y provocan obstrucciones. Los síntomas más frecuentes de una posible obstrucción son vómitos repetidos, falta de apetito, dolor abdominal, letargo, estreñimiento o diarrea con sangre. En estos casos, intentar esperar “a que lo expulse solo” puede ser fatal.

El veterinario cuenta con las herramientas para diagnosticar la situación mediante radiografías, ecografías o endoscopías, y puede decidir si es posible extraer el objeto de manera no invasiva o si es necesaria una intervención quirúrgica. Además, el profesional podrá evaluar el estado nutricional del perro, descartar enfermedades y orientar al tutor sobre las medidas preventivas adecuadas.

Prevención y hábitos saludables

Aunque la intervención veterinaria es fundamental cuando ya existe un problema, la prevención sigue siendo la mejor herramienta para cuidar la salud del perro. Entre las medidas más efectivas se encuentran:

Ofrecer una alimentación equilibrada, rica en proteínas, vitaminas y minerales. Una dieta completa reduce la posibilidad de deficiencias que puedan desencadenar la pica.

Brindar suficiente ejercicio físico y mental. Los paseos diarios, los juegos interactivos y los juguetes de estimulación mental (como los que esconden premios) ayudan a canalizar la energía y la curiosidad del perro.

Mantener el entorno libre de objetos peligrosos. Zapatos, ropa, cables, bolsas de plástico o pequeñas piezas deben mantenerse fuera de su alcance.

Supervisar el comportamiento. Observar qué objetos llaman su atención y corregirlo con un “no” firme o distrayéndolo con un juguete adecuado.

Visitas veterinarias regulares. Las revisiones periódicas no solo permiten detectar problemas antes de que sean graves, sino también recibir orientación personalizada sobre el comportamiento y la nutrición de la mascota.

La responsabilidad del tutor

Vivir con un perro implica asumir la responsabilidad de su bienestar físico y emocional. Cuando el animal desarrolla conductas inusuales, como morder compulsivamente o ingerir objetos, no se trata de “maldad” ni de desobediencia, sino de una señal de que algo no anda bien. Ignorarla o castigar al perro solo agrava el problema.

El papel del veterinario no se limita a tratar enfermedades, sino que también incluye la orientación en temas de comportamiento y la prevención. Un profesional puede derivar al animal con un etólogo o adiestrador canino si considera que el problema es principalmente conductual. De este modo, se aborda la causa de raíz y se evita que el perro vuelva a ponerse en peligro.

Que un perro muerda o trague objetos no comestibles no es un simple capricho ni una etapa pasajera. Detrás de esta conducta pueden existir causas fisiológicas, emocionales o médicas que requieren la evaluación de un veterinario. La atención oportuna puede salvar la vida del animal y mejorar su calidad de vida.

Contar con un veterinario de confianza no solo brinda tranquilidad ante emergencias, sino que garantiza que cada decisión sobre la salud y el comportamiento del perro se tome con conocimiento y responsabilidad. En definitiva, cuidar de la salud integral de nuestras mascotas es la mejor forma de devolverles el cariño y la lealtad que nos ofrecen cada día.

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