La onfaloflebitis, también conocida como infección umbilical, es una de las afecciones más frecuentes y potencialmente graves en terneros recién nacidos. Su detección temprana y manejo adecuado pueden marcar la diferencia entre un desarrollo saludable o la aparición de complicaciones que afecten la productividad del hato.

Por ello, resulta fundamental contar con un veterinario experimentado, capaz de realizar diagnósticos adecuados, implementar medidas preventivas y orientar al productor en los cuidados neonatales. La experiencia profesional permite no solo acertar en el tratamiento, sino también diseñar estrategias preventivas que disminuyan la incidencia de esta patología.
La onfaloflebitis se presenta cuando bacterias oportunistas penetran el cordón umbilical poco después del parto, aprovechando cualquier deficiencia en la higiene, en la inmunidad del ternero o en las prácticas de manejo. Esta infección puede afectar no solo el cordón, sino también estructuras internas como la vena umbilical, las arterias umbilicales e incluso el uraco. En los casos más severos, puede progresar a septicemia, comprometiendo órganos vitales y poniendo en riesgo la vida del animal.
Factores de riesgo
Diversos factores contribuyen a que la onfaloflebitis se presente con mayor frecuencia en un hato. Uno de los más relevantes es la higiene en el lugar del parto. Ambientes sucios o húmedos incrementan la carga bacteriana y facilitan la contaminación del ombligo. A esto se suma la calidad del calostrado: cuando el ternero no recibe suficiente calostro en las primeras horas de vida, su sistema inmunológico queda vulnerable y menos capaz de combatir infecciones.
El manejo del cordón umbilical también juega un papel esencial. Proceder con el corte de forma inadecuada o no desinfectarlo correctamente aumenta la posibilidad de que bacterias ingresen en el organismo. Algunas razas o líneas genéticas pueden ser más predispuestas a infecciones, especialmente si presentan nacimientos más complicados. Además, partos asistidos, prolongados o distócicos suelen incrementar el riesgo, ya que la manipulación multiplica las oportunidades de contaminación.
Importancia de la higiene y el ambiente de parto
La limpieza del área donde la vaca parirá es una de las medidas más sencillas pero más efectivas para evitar la onfaloflebitis. Mantener corrales secos, con cama limpia y renovada, disminuye la exposición del ternero a patógenos. Idealmente, los partos deberían ocurrir en áreas especialmente destinadas a maternidad, donde el personal tenga control sobre las condiciones sanitarias.
Después del nacimiento, es importante retirar el exceso de humedad del cuerpo del ternero, proporcionando un ambiente cálido y libre de corrientes de aire. El frío combinado con suciedad incrementa el estrés y compromete la inmunidad del animal, lo que facilita la instalación de infecciones.
El papel del calostro
El calostro es la primera línea de defensa del ternero. Rico en inmunoglobulinas, vitaminas y factores de crecimiento, le otorga la inmunidad pasiva necesaria para protegerse durante sus primeras semanas. Para que esta protección sea efectiva, debe suministrarse dentro de las primeras 2 horas de vida, en cantidades adecuadas y de buena calidad.
Un manejo deficiente del calostrado se traduce en terneros más susceptibles a infecciones como la onfaloflebitis. Por ello, es recomendable que el productor tenga protocolos claros de suministro y, cuando sea posible, evaluar la calidad del calostro con herramientas como el refractómetro Brix. La asesoría de un veterinario resulta muy útil para implementar estos protocolos de manera correcta.
Desinfección del cordón umbilical
La desinfección inmediata del cordón umbilical es una práctica esencial para prevenir infecciones. El método más común es el uso de soluciones yodadas o clorhexidina al 2%, sumergiendo completamente el cordón para asegurar una acción antimicrobiana eficaz. Esta desinfección debe repetirse al menos dos o tres veces durante las primeras 24 horas.
Es importante evitar el uso de sustancias irritantes o métodos caseros que puedan causar daño tisular. De igual forma, no se recomienda cortar el cordón a menos que sea demasiado largo; en la mayoría de los casos, es mejor permitir que se desprenda por sí solo. El objetivo principal es lograr un secado rápido del ombligo y evitar que quede expuesto a contaminantes.
Monitoreo y signos tempranos
La vigilancia constante es clave para identificar problemas antes de que evolucionen. Los signos tempranos de onfaloflebitis incluyen inflamación del ombligo, secreciones purulentas, dolor al tacto, mal olor o aumento de temperatura local. En casos más avanzados, pueden aparecer fiebre, letargo, dificultad para caminar o abdomen distendido.
Ante cualquiera de estos signos, se debe actuar rápidamente. El tratamiento suele incluir antibióticos, antiinflamatorios y, en algunos casos, drenajes o intervenciones quirúrgicas. Por ello, la intervención oportuna de un veterinario es indispensable para evitar complicaciones mayores.
Medidas generales de prevención
La prevención de la onfaloflebitis se basa en una combinación de buenas prácticas:
Mantener áreas de maternidad limpias y secas.
Suministrar calostro de calidad en las primeras horas.
Desinfectar correctamente el cordón umbilical.
Reducir el estrés del ternero y proporcionar abrigo adecuado.
Capacitar al personal en manejo neonatal.
Monitorear constantemente a los terneros recién nacidos.
Llevar registros sanitarios para identificar patrones de riesgo.
Cada hato tiene particularidades que deben ser evaluadas, como densidad poblacional, condiciones climáticas o prácticas de manejo. Por ello es importante adaptar las estrategias a la realidad de cada unidad de producción.
La prevención de la onfaloflebitis en terneros requiere disciplina, higiene y un manejo adecuado desde el momento del nacimiento. Sin embargo, incluso con las mejores prácticas, pueden surgir complicaciones que solo un ojo clínico experto es capaz de identificar y atender. Por este motivo, contar con un veterinario experimentado es indispensable, tanto para prevenir como para tratar esta patología, asegurando así el bienestar del ganado y la productividad del hato a largo plazo.
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