La salud de los animales de cría está estrechamente ligada a las condiciones en las que son manejados. Más allá de la genética o el sistema de producción, el manejo diario determina en gran medida la aparición de enfermedades. Cuando existen prácticas deficientes —ya sea por falta de conocimiento, descuido o presión económica— se generan problemas sanitarios que afectan el bienestar animal, reducen la productividad y pueden representar riesgos para la salud humana.

Muchas de las enfermedades más comunes en la ganadería tienen su origen directo en el mal manejo animal.
Deficiente higiene en las instalaciones
Uno de los principales factores asociados a enfermedades en animales de cría es la falta de higiene. Instalaciones sucias, mal ventiladas o con drenaje deficiente favorecen la acumulación de humedad, estiércol y microorganismos patógenos. En bovinos, estas condiciones incrementan la incidencia de mastitis, infecciones podales y enfermedades cutáneas. En porcinos y aves, la suciedad favorece brotes de diarreas infecciosas, salmonelosis y colibacilosis.
En el caso de las aves de corral, el exceso de humedad y la acumulación de amoníaco en los galpones provocan daños en las vías respiratorias, conjuntivitis y una mayor predisposición a infecciones respiratorias. Estas enfermedades, además de afectar la salud, reducen el crecimiento y aumentan la mortalidad.
Mala alimentación y enfermedades nutricionales
La alimentación inadecuada es otro pilar del mal manejo animal. Dietas desequilibradas, raciones mal formuladas o el uso de alimentos de baja calidad afectan directamente el sistema inmunológico. En bovinos, una mala nutrición puede provocar trastornos metabólicos como acidosis ruminal, cetosis o hipocalcemia, especialmente en vacas en producción.
En cerdos y aves, la deficiencia de proteínas, vitaminas y minerales se traduce en retraso en el crecimiento, debilidad ósea, problemas reproductivos y mayor susceptibilidad a enfermedades infecciosas. Además, el suministro de alimentos contaminados con hongos o micotoxinas puede causar intoxicaciones, daño hepático y pérdidas productivas severas.
Estrés crónico por manejo inadecuado
El estrés es un factor silencioso pero determinante en la aparición de enfermedades. El hacinamiento, el maltrato físico, los cambios bruscos de temperatura y el transporte prolongado sin descanso elevan los niveles de estrés en los animales. Este estrés crónico debilita el sistema inmunológico, facilitando la aparición de enfermedades respiratorias, digestivas y reproductivas.
En sistemas intensivos, el hacinamiento no solo genera estrés, sino que acelera la propagación de enfermedades contagiosas. Virus y bacterias se transmiten con mayor facilidad cuando los animales no cuentan con espacio suficiente ni condiciones adecuadas de ventilación y descanso.
Falta de programas sanitarios y control veterinario
El mal manejo también se manifiesta en la ausencia de programas sanitarios formales. La falta de vacunación, desparasitación irregular y la carencia de controles veterinarios favorecen la persistencia de enfermedades endémicas. Patologías como la brucelosis, la tuberculosis bovina, la peste porcina clásica o la enfermedad de Newcastle suelen estar asociadas a explotaciones con manejo sanitario deficiente.
Asimismo, el uso inadecuado de medicamentos, especialmente antibióticos, agrava el problema. La automedicación y la falta de supervisión profesional contribuyen al desarrollo de resistencia bacteriana, lo que dificulta el tratamiento de enfermedades y representa un riesgo creciente para la salud pública.
Problemas reproductivos por mal manejo
El manejo reproductivo deficiente es otra fuente importante de enfermedades. La falta de control en los empadres, el uso de reproductores enfermos y la ausencia de revisiones periódicas provocan abortos, infertilidad, partos complicados e infecciones uterinas. En bovinos, ovinos y caprinos, enfermedades como la leptospirosis o la campilobacteriosis se relacionan directamente con prácticas inadecuadas de bioseguridad y manejo reproductivo.
Estos problemas no solo reducen la eficiencia productiva, sino que pueden tener implicaciones zoonóticas, es decir, pueden transmitirse a los humanos.
Falta de acceso a agua limpia y suficiente
El agua es un recurso fundamental para la salud animal, y su mala calidad o escasez es una forma frecuente de mal manejo. El consumo de agua contaminada favorece enfermedades gastrointestinales, diarreas y deshidratación. En climas cálidos, la falta de agua incrementa el estrés térmico, reduce el consumo de alimento y debilita a los animales.
En aves y porcinos, el agua de mala calidad es una de las principales causas de brotes sanitarios, afectando directamente el desempeño productivo y la supervivencia.
Falta de capacitación del personal
Finalmente, el desconocimiento del personal encargado del manejo diario es un factor clave. La falta de capacitación conduce a prácticas incorrectas como manejo brusco, ordeño inadecuado, detección tardía de animales enfermos y ausencia de registros sanitarios. Esto retrasa el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, aumentando las pérdidas económicas y el sufrimiento animal.
La mayoría de las enfermedades que afectan a los animales de cría son prevenibles y tienen su origen en el mal manejo animal. La higiene deficiente, la mala alimentación, el estrés, la falta de programas sanitarios y la escasa capacitación del personal crean condiciones propicias para la enfermedad. Mejorar el manejo no solo protege la salud y el bienestar animal, sino que incrementa la productividad, reduce costos y contribuye a una ganadería más sostenible y responsable.
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