La diarrea neonatal en los terneros es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en bovinos durante las primeras semanas de vida. Este problema sanitario no solo compromete seriamente el bienestar animal, sino que también genera importantes pérdidas económicas para los productores, debido a la disminución del crecimiento, el aumento de los costos de tratamiento y la posible muerte de los animales afectados.

Desde el punto de vista veterinario, el combate eficaz de la diarrea neonatal requiere un enfoque integral que combine prevención, diagnóstico oportuno y tratamiento adecuado.
¿Qué es la diarrea neonatal y por qué ocurre?
La diarrea neonatal se presenta generalmente en terneros menores de 30 días y se caracteriza por heces líquidas o semilíquidas, deshidratación, depresión, pérdida de apetito y, en casos graves, colapso y muerte. Las causas son múltiples, pero las más comunes son de origen infeccioso, destacando patógenos como Escherichia coli, Rotavirus, Coronavirus, Cryptosporidium parvum y Salmonella spp.
Sin embargo, la presencia del agente causal por sí sola no explica la aparición del cuadro. Factores como una deficiente ingestión de calostro, malas condiciones higiénicas, estrés ambiental, hacinamiento y una nutrición inadecuada juegan un papel determinante en la susceptibilidad del ternero a desarrollar diarrea.
La importancia del calostro como primera barrera sanitaria
Desde la perspectiva veterinaria, la correcta administración del calostro es la medida preventiva más importante contra la diarrea neonatal. El ternero nace sin inmunidad efectiva, por lo que depende completamente de los anticuerpos presentes en el calostro materno. Se recomienda que el animal reciba al menos el 10 % de su peso corporal en calostro de buena calidad durante las primeras 6 horas de vida, ya que la capacidad de absorción intestinal de inmunoglobulinas disminuye rápidamente después del nacimiento.
El veterinario debe asesorar sobre la evaluación de la calidad del calostro, el manejo higiénico durante su recolección y almacenamiento, y la correcta técnica de suministro, ya sea por amamantamiento directo o mediante sonda esofágica cuando sea necesario.
Diagnóstico oportuno y evaluación clínica
Cuando se presenta un caso de diarrea neonatal, la intervención veterinaria temprana es crucial. El diagnóstico no debe limitarse únicamente a observar las heces, sino que debe incluir una evaluación clínica completa del estado de hidratación, la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como el nivel de depresión del animal.
En explotaciones con brotes recurrentes, el veterinario puede recomendar pruebas de laboratorio para identificar el agente causal, lo que permitirá implementar tratamientos más específicos y ajustar los programas de prevención, como la vacunación de las vacas gestantes.
Tratamiento veterinario: más allá del control de la diarrea
El objetivo principal del tratamiento no es solo detener la diarrea, sino corregir la deshidratación, el desequilibrio electrolítico y la acidosis metabólica, que son las principales causas de muerte. La terapia de rehidratación oral es fundamental en casos leves a moderados y debe incluir soluciones con electrolitos, glucosa y agentes alcalinizantes.
En casos graves, el veterinario puede indicar fluidoterapia intravenosa, especialmente cuando el ternero presenta incapacidad para mantenerse en pie o ausencia del reflejo de succión. El uso de antibióticos debe ser cuidadosamente evaluado y reservado para situaciones en las que exista evidencia de infección bacteriana sistémica, evitando así el uso indiscriminado que favorece la resistencia antimicrobiana.
Además, pueden emplearse antiinflamatorios no esteroideos bajo supervisión veterinaria para mejorar el bienestar del animal y estimular el consumo de alimento.
Manejo, higiene y bioseguridad
El tratamiento individual pierde eficacia si no se corrigen las deficiencias en el manejo general. Desde la vía veterinaria, se enfatiza la importancia de mantener corrales limpios y secos, reducir la carga microbiana del ambiente y evitar el contacto entre terneros enfermos y sanos. La correcta desinfección de utensilios, bebederos y áreas de parto es una medida clave para cortar el ciclo de transmisión de los agentes patógenos.
Asimismo, el veterinario puede asesorar en la implementación de programas de vacunación en vacas preñadas, lo que incrementa la concentración de anticuerpos en el calostro y mejora la protección de los recién nacidos.
El papel del veterinario en la prevención a largo plazo
Combatir la diarrea neonatal no debe entenderse como una acción puntual, sino como un proceso continuo de mejora sanitaria. El veterinario desempeña un papel central en la capacitación del personal, el diseño de protocolos de manejo neonatal y la evaluación periódica de los resultados productivos y sanitarios.
Un enfoque preventivo, basado en el bienestar animal y la medicina veterinaria responsable, no solo reduce la incidencia de diarrea neonatal, sino que también contribuye a criar terneros más fuertes, sanos y productivos, asegurando la sostenibilidad de la explotación ganadera.
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