La convivencia con un perro implica cuidados constantes que muchas veces pasan desapercibidos en los detalles más cotidianos, como el uso diario de correas, collares o arneses. Aunque estos accesorios son indispensables para la seguridad del animal y el control durante los paseos, también pueden convertirse en una fuente de molestias y lesiones si no se utilizan de manera adecuada.

Las rozaduras provocadas por correas mal ajustadas, materiales inadecuados o uso prolongado pueden generar dolor, inflamación e incluso infecciones.
Ante cualquier signo de incomodidad, cambio en la piel o conducta anormal, es fundamental consultar a un veterinario, ya que solo un profesional puede evaluar correctamente la gravedad del problema y establecer el tratamiento adecuado para proteger la salud del perro.
Zonas del cuerpo más propensas a las rozaduras
Las rozaduras suelen aparecer en áreas donde la piel está en contacto constante con el accesorio: cuello, axilas, pecho, ingles y, en algunos casos, el lomo. Estas zonas son especialmente sensibles porque la piel es más delgada o porque existe mayor fricción durante el movimiento. Cuando una correa o arnés roza repetidamente la piel, se produce una irritación que comienza como un enrojecimiento leve, pero que puede evolucionar hacia lesiones dolorosas si no se corrige a tiempo.
Principales causas de irritación por correas y arneses
Entre los factores más comunes se encuentra el uso de correas demasiado ajustadas. Muchos tutores, con la intención de evitar que el perro se escape, colocan el collar o arnés con excesiva presión, sin considerar que el animal necesita libertad de movimiento y una correcta ventilación de la piel. Otro factor importante es el material: correas rígidas, con bordes ásperos o costuras mal rematadas incrementan el riesgo de fricción, especialmente en perros de pelo corto o piel sensible.
Influencia del clima y la condición física del perro
El clima también desempeña un papel relevante. En ambientes calurosos o húmedos, el sudor y la humedad favorecen la maceración de la piel, haciéndola más vulnerable a las rozaduras. Durante el verano, los paseos largos con arneses poco transpirables pueden generar irritaciones severas en pocos días. En perros con sobrepeso, la fricción se intensifica en los pliegues de la piel, aumentando el riesgo de lesiones.
Señales de alerta: cómo identificar una rozadura
Los signos clínicos no siempre son evidentes al inicio. Algunos perros manifiestan su molestia rascándose insistentemente, mordiendo la zona afectada o mostrando resistencia al momento de colocar la correa. Otros pueden volverse irritables o apáticos durante los paseos. A nivel físico, es posible observar enrojecimiento, pérdida de pelo, pequeñas heridas, costras o zonas calientes al tacto. En casos más avanzados, pueden aparecer secreciones, mal olor o inflamación, indicios claros de infección secundaria.
Consecuencias de no atender las rozaduras a tiempo
Ignorar estas señales puede derivar en problemas más graves. Una irritación leve puede evolucionar hacia dermatitis, infecciones bacterianas o fúngicas, y heridas abiertas que tardan semanas en sanar. Además del dolor físico, estas lesiones generan estrés y ansiedad en el perro, afectando su bienestar general y su relación con el paseo, una actividad que debería ser positiva y estimulante.
Medidas preventivas para evitar lesiones
La prevención es fundamental. Elegir correas y arneses de buena calidad, elaborados con materiales suaves, flexibles y transpirables, reduce considerablemente el riesgo de rozaduras. El ajuste correcto debe permitir introducir al menos dos dedos entre el accesorio y la piel. Revisar periódicamente el estado de la correa, detectar desgastes y reemplazarla cuando sea necesario también es una medida preventiva importante.
Cuidados complementarios después del paseo
Es recomendable inspeccionar la piel del perro después de cada paseo, sobre todo en animales muy activos. Mantener el pelaje limpio y seco, así como recortar el pelo en zonas propensas a la fricción, ayuda a disminuir la irritación. En perros con piel delicada o antecedentes de alergias, el uso de arneses especiales recomendados por profesionales puede ser determinante.
Qué hacer cuando la lesión ya está presente
Cuando existe una rozadura visible, no se deben aplicar tratamientos caseros sin orientación. El uso de cremas humanas o desinfectantes agresivos puede empeorar la lesión. El manejo adecuado depende del grado del daño y, en muchos casos, requiere medicamentos tópicos o sistémicos que solo deben administrarse bajo supervisión profesional.
El papel del veterinario en la salud y bienestar del perro
En conclusión, las rozaduras provocadas por correas y arneses son un problema frecuente pero prevenible. Detectarlas a tiempo, ajustar correctamente los accesorios y observar los cambios en la piel y el comportamiento del animal son responsabilidades básicas del tutor. No obstante, ante cualquier molestia persistente, herida visible o sospecha de infección, la decisión más responsable es acudir al veterinario, quien podrá ofrecer un diagnóstico preciso y un tratamiento seguro, asegurando así el bienestar, la comodidad y la salud integral de la mascota a largo plazo.
Llámanos en México DF: +52 (55) 4593 8990 |
