El celo en los perros suele asociarse únicamente con las hembras, pero la realidad es que los machos también experimentan cambios importantes en su conducta cuando perciben la presencia de una perra en esta etapa reproductiva.

Muchos dueños se sorprenden al notar que su mascota se vuelve más nerviosa, inquieta o incluso agresiva de un momento a otro, sin imaginar que el origen puede encontrarse en las señales hormonales emitidas por una hembra cercana.
Ante este tipo de comportamientos, resulta fundamental contar con la orientación de un médico veterinario, ya que cada perro responde de manera distinta y un especialista puede ayudar a identificar si las alteraciones son pasajeras o si requieren atención específica.
Mayor agresividad y cambios de carácter
Uno de los cambios más frecuentes en los perros machos no esterilizados es el aumento de la agresividad. Esto ocurre porque el organismo produce una mayor cantidad de hormonas relacionadas con el estrés y la competencia reproductiva. En consecuencia, algunos animales reaccionan de forma más territorial, se irritan con facilidad o muestran conductas dominantes frente a otros perros. Incluso un can normalmente tranquilo puede comenzar a gruñir, ladrar de manera excesiva o intentar enfrentarse a otros machos.
El estrés derivado de esta situación también puede provocar cuadros de ansiedad. Cuando el perro detecta el olor de una hembra en celo, su atención se concentra casi por completo en encontrarla. Esto genera frustración al no poder satisfacer ese impulso, especialmente en mascotas que viven dentro de casa o permanecen mucho tiempo encerradas. Como resultado, pueden aparecer conductas compulsivas, nerviosismo constante y dificultad para relajarse.
La depresión y el desánimo en algunos perros
Aunque muchas personas no lo imaginan, algunos perros pueden experimentar estados similares a la depresión. La combinación de tensión hormonal y rechazo por parte de la hembra puede afectar el ánimo del animal. Algunos dejan de comer con normalidad, pierden interés en jugar o permanecen acostados durante largos periodos. También es común que lloren, aúllen o manifiesten cansancio sin una causa física evidente. Estas señales suelen preocupar a los dueños porque el cambio de comportamiento puede ser muy marcado en comparación con la rutina habitual del perro.
Inquietud constante y deseo de escapar
Otro rasgo típico durante esta etapa es la inquietud permanente. El olfato canino posee una capacidad extraordinaria y puede detectar feromonas a grandes distancias. Debido a ello, muchos machos intentan escapar de casa para seguir el rastro de una hembra en celo. Algunos rascan puertas, saltan bardas o buscan cualquier oportunidad para salir. Este comportamiento representa un riesgo importante, ya que el perro podría perderse, sufrir accidentes o involucrarse en peleas con otros animales.
Confusión y falta de concentración
La confusión también forma parte de estas alteraciones conductuales. Hay perros que parecen distraídos, desobedientes o incapaces de concentrarse en órdenes simples. Sin embargo, esto no significa necesariamente que el animal se haya vuelto rebelde. En realidad, su atención está completamente dirigida hacia los estímulos hormonales del entorno. Durante esos días, es habitual que ignoren llamados, se muestren más dispersos y reaccionen con lentitud ante instrucciones que normalmente obedecen sin problema.
El aumento del marcaje con orina
El marcaje con orina es otra conducta que suele intensificarse. Muchos perros sienten la necesidad de dejar señales olfativas en distintos lugares como una forma de comunicación territorial y reproductiva. Esto puede traducirse en micciones frecuentes durante los paseos e incluso dentro del hogar. Algunos dueños notan que el perro intenta marcar muebles, paredes o esquinas de la casa, aun cuando anteriormente tenía hábitos muy controlados. Esta situación puede convertirse en un problema complicado si no se maneja de forma adecuada.
Consejos para controlar a un perro durante esta etapa
Para evitar incidentes, es importante tomar ciertas precauciones cuando hay una perra en celo en casa. No se recomienda dejarla sola en patios o jardines, ya que podría intentar escapar para buscar compañía. Asimismo, conviene revisar puertas, ventanas y accesos que puedan facilitar una salida inesperada. Los perros son capaces de actuar de forma muy impulsiva durante esta etapa, por lo que una pequeña distracción puede terminar en una fuga.
En el caso de los machos, los paseos deben realizarse con mayor control. Utilizar correa es indispensable para impedir que el animal salga corriendo tras un rastro oloroso. También puede ser útil modificar temporalmente las rutas de paseo para evitar parques o espacios donde haya hembras en celo. De esta manera, se reduce la ansiedad y se evita que el perro se altere más de lo necesario.
La actividad física y la estimulación mental también ayudan a disminuir el estrés. Juegos, caminatas más largas y ejercicios de obediencia pueden servir para canalizar parte de la energía acumulada. Mantener al perro entretenido contribuye a reducir la obsesión por buscar a la hembra y favorece un comportamiento más equilibrado dentro del hogar.
La esterilización como alternativa preventiva
Otra alternativa que muchas familias consideran es la esterilización o castración. Estos procedimientos ayudan a controlar varios de los comportamientos asociados con el impulso reproductivo y, además, previenen camadas no planeadas. También pueden disminuir el riesgo de ciertas enfermedades relacionadas con el aparato reproductor. Sin embargo, la decisión debe tomarse de manera responsable y considerando las características particulares de cada mascota.
La importancia del acompañamiento veterinario
El comportamiento de los perros durante estas etapas puede resultar complicado para quienes no están familiarizados con los efectos hormonales en los animales. Lo importante es comprender que muchas de estas reacciones forman parte de un proceso biológico natural y no necesariamente indican mala conducta.
Aun así, cuando los cambios son intensos o generan problemas de convivencia, lo más recomendable es buscar apoyo profesional. Un veterinario podrá orientar sobre las mejores medidas para controlar la ansiedad, prevenir riesgos y garantizar el bienestar tanto del perro como de quienes conviven con él.
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